No sé si tiene que ver con que viví muchos años fuera, pero las Navidades siempre han sido para mí una época de retorno que me producía mucha alegría. Además de sentir un cariño especial por lo que evocan estas fechas, también las tengo grabadas en el olfato. Soy del norte, y en Navidad el frío huele; se siente hasta dentro de las fosas nasales cuando respiras, porque es frío de verdad.
El aroma de la niñez y la familia
Soy una de las afortunadas que tiene no un pueblo, sino dos: Bandujo y Teverga. Y sí, además de oler y sentir el frío, huele mi niñez y adolescencia.
En mi memoria huelen los guisos a fuego lento y las cebollas pochando que llenaban la casa de calidez, el buen vino y el caldo de pescado, también huelen mis seres queridos, huelen a abrazo, a hogar y cariño.
Por qué los olores importan
Navidad y olores: recuerdos que nos llevan a casa. Los olores de Navidad tienen un poder especial, y lo hacen por dos razones muy sencillas:
- Generan emoción y expectativa.
- Activan la memoria emocional, llevándote allí donde creías que ya no había recuerdo.
Disfruta de los aromas que te acompañan
Antes de que llegue la Nochebuena, respira profundamente y disfruta de los aromas que hacen especial esta época. Cada aroma es un puente hacia los recuerdos y las emociones que más valoramos.
Y aunque estas fechas también pueden ser un “too much” para muchos, agárrate a tus buenos recuerdos a través de los aromas: esos son solo para ti, y nada ni nadie evitará que los disfrutes.
Felices fiestas!